Crítica social
Ese maravilloso extraño deporte llamado fútbol
Nosotros, los amantes del deporte solo somos emoción manejada por resortes psicosociales económicos.
Le dije a mi interlocutor el nombre del que consideraba mi mejor alumno, de todos los tiempos, este -mi alumno-, había concluido sus estudios hacía ya, 15 años. Violentamente me preguntó -mi interlocutor-, ¿Si es el mejor, por qué, entonces, hasta ahora no ha logrado su licenciatura? Me encogí de hombros, solamente. Me maravilló ese extraño diálogo llamado interpelación. Luego dijo, “Dado que Messi es el mejor jugador del planeta y nunca ha ganado el campeonato mundial de fútbol”. Bueno, todo el mundo tiene derecho a creer lo que quiere, ¿no? De nuevo, me dije, la lógica y sus incertidumbres. Dicen que las comparaciones son odiosas; sin embargo, todo el mundo compara de manera permanente. Hoy, hablar de Messi es pensar en Cristiano Ronaldo ¿verdad? Pues, es inevitable. Claro, acomodé mi lógica básica, Messi necesita ganar su campeonato del mundo, antes que sea demasiado tarde. ¿Cuántos millones de dólares le ha dado Messi a la FIFA? Llena estadios permanentemente ¿no? Y, qué le ha dado, futbolísticamente hablado, la FIFA a él. Pero; ¿y, Cristiano Ronaldo? Caramba ¡Qué dilema, ¿verdad? Desde que el fútbol se convirtió en negocio, es tan igual como cualquier otra empresa, por ejemplo, la educación privada. El que trabaja, gana su salario y no protesta es el trabajador ideal. El tema de Cristiano Ronaldo es que “no tiene pelos en la lengua” y ha denunciado permanentemente los nudos y enredos del manejo económico de la FIFA, por eso no tendrá premio, que se joda Ronaldo; entonces, viene nuestra experiencia que como un rompecabezas encaja perfectamente. ¿Cómo se programan los partidos? ¿Cómo es y quién maneja la conducta de los DT? ¿Por qué las decisiones arbitrales? ¿En qué estadios se juega’ ¿Cuáles son las razones? ¿Qué equipo debe ganar? ¿Por qué razón? Todo absolutamente todo, como en la educación privada, o como en el manejo de un Banco, obedece a la ratio económica. Nosotros, los amantes del deporte solo somos emoción manejada por resortes psicosociales económicos. Después de los partidos somos una licuadora de pestes, protestas y uno que otro espacio coprolálico; o, por defecto, nos inventamos una perfecta, conveniente y cómoda reconvención; mientras que nuestros dineros son contados y manejados por quienes se han hecho dueños de nuestros sueños.